Daniel Goleman en 1995, con su libro La inteligencia emocional, puso de manifiesto que el saber gestionar inteligentemente las emociones es tan importante para conseguir el éxito académico o laboral como la capacidad intelectual.

Emociones y autoestimaLos problemas de aprendizaje tienen una incidencia negativa en la autoestima y en la motivación y provocan un sufrimiento en el niño. Puede ser un sufrimiento ruidoso o silencios. Según la personalidad del niño y el contexto, el niño se mostrará alterado, agresivo, charlatán, indisciplinado, insolente, incontrolable, desafiando o, a la inversa, abstraído, solitario, inhibido o aislado.

Cuando un niño tiene dificultades de aprendizaje (dislexia, disgrafia, problemas de atención, de concentración, de memoria...), no se siente cómodo en la escuela, puede tener problemas con los amigos o con los hermanos, problemas de comportamiento, miedo al fracaso o al ridículo, fobias, agresividad, apatía, frustración, sentimientos de inferioridad, malos sonidos, enuresis nocturna, etc. Incluso puede tener malas conductas al aula o en casa fruto de su frustración e impotencia ante unos problemas que él no sabe solucionar.

Un niño que durante tiempo ha sido sufriendo dificultades en los aprendizajes acostumbra a tener la autoestima baja. Lo podemos observar con creencias limitadoras del tipo:

Emociones y autoestimaYo soy tonto.

Yo ésto nunca lo sabré hacer.

Nunca aprobaré las matemáticas porque soy muy malo y no las entiendo.

A pesar de que a menudo se escuchan frases del tipo:

“Es un gandul.”

“Cuando quiere puede.”

“El problema es la falta de motivación.”

“No quiere esforzarse.”

No existen niños gandules.

Los niños son quienes más desean hacer cosas. Sólo hace falta que observamos a un niño pequeño diciendo el típico “Yo yo yo...”cuando quiere hacer todo el que ve que hacen los padres o los hermanos.

Conseguir el éxito es la meta de todos los seres humanos.

El éxito nos proporciona placer, nos da una imagen positiva de nosotros mismos, hace que los demás nos valoren, nos sube la autoestima, nos tranquiliza...

Las conductas de negación a intentar cualquier actividad a menudo se confunden con la carencia de esfuerzo. Pero en realidad hay pánico al fracaso, a que se confirme su creencia, que él no puede y que es tonto, puesto que el niño está totalmente convencido que fracasará.

Es muy importante que los padres y los maestros estén atentos en los estados de ánimo de los niños y sean conscientes de qué éstos afectan su conducta. Hay que aprender a diferenciar entre un “NO QUIERO” que pronuncia el niño y uno “NO PUEDO” que es en realidad lo que quiere decir el niño.

La autoestima básicamente está formada por el conjunto de creencias que tenemos sobre nosotros mismos basadas en las experiencias de éxitos y fracasos. Para cambiar cualquier conducta lo más importante es cambiar las creencias limitadoras. Si un niño continúa pensando que él es tonto y que no podrá, seguramente no podrá, puesto que no tendrá la motivación para intentarlo.

El sentimiento de incapacidad se transforma rápidamente en un profundo sentimiento de impotencia: Puesto que soy un inútil, nadie me querrá.

El niño es mucho más que unos resultados escolares. Y por lo tanto no se deben confundir los resultados con el valor del niño.

Cerebro y motivación

Cerebro y motivaciónCuando conseguimos hacer algo bastante difícil, que nos ha costado un gran esfuerzo, nos sentimos orgullosos y entonces nuestro cerebro secreta endorfinas, las hormonas del placer. Por lo tanto el cerebro recibe una dosis de sustancias agradables, acelerando la transmisión de datos en el cerebro y, como consecuencia, el cerebro pide una nueva dosis. El objetivo del cerebro es recibir una nueva dosis y ésto supone conseguir el éxito una vez más. Y el mecanismo de la motivación se reactiva: Ante una nueva tarea, el niño, o podríamos decir el cerebro, buscará experimentar el mismo placer que desencadenó aquella euforizante secreción de endorfinas.

Pero, para desear conseguir el éxito, es necesario haberlo conseguido.

Misión de los padres educadoresSi un niño ha vivido una situación reiterada de fracasos, el funcionamiento del cerebro lo conducirá a evitar realizar tareas en que está convencido que va a fracasar. Por lo tanto hay que mostrar y reafirmar al niño sus éxitos, por pequeños que sean. Incluso los niños con graves dificultades de aprendizajes son capaces de conseguir pequeños éxitos.

La misión de los padres y educadores es observar los pequeños éxitos de los niños y elogiarlos.

Intervención psicológica

Evaluación: Primero se identifica qué le pasa al niño o adolescente, cuál es el problema, cuál es el origen, la complejidad de las dificultades y del sufrimiento que experimenta. Se hace una entrevista a los padres, se hace una exploración al niño o adolescente en los ámbitos, intelectual, afectivo y emocional. A partir de la exploración se hace la devolución de la información a los padres y se les explica las propuestas de cómo abordar el problema para acompañar al niño o adolescente hacia el éxito, que es lo que más desean todos.

Tratamiento: A partir de la exploración se marcan unos objetivos terapéuticos y se inicia la terapia, generalmente con sesiones quincenales, ocasionalmente pueden ser semanales.
Es muy importante que los padres no se sientan culpables de las dificultades de sus hijos, sino que se sientan capaces de ayudarlos. Hacen todo lo que pueden y todo lo que hacen, lo hacen por amor.

No evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles a superarlas. (Louis Pasteur)

Se tratan los siguientes problemas:

  • Trastornos del desarrollo (retrasos madurativos).
  • Trastornos perceptivos, de memoria, atención.
  • Trastornos de dislexia, disgrafía y discalculía.
  • Trastorno por déficit de atención /hiperactividad.
  • Habilidades y técnicas de estudio.
  • Problemas de conducta (desobediencia, negativismo, celos...)
  • Problemas de relación (timidez, agresividad, inseguridad).
  • Fobias específicas (en la escuela, a la oscuridad, a no tener amigos...)
  • Bullying
  • Problemas de relación padres-hijos.
  • Gestión de las emociones para una buena autoestima.

Los trastornos más frecuentes son:

Dislexia: dificultad específica de la lectura que se caracteriza por una lectura lenta, costosa, con pausas, rectificaciones, cambios de letras de lugar y de inversión de sílabas y palabras.

Discalculía: dificultad innata para el procesamiento de los números, el cálculo aritmético y la resolución de problemas matemáticos.

Trastorno del desarrollo del lenguaje: grupo de trastornos heterogéneos en los cuales se observan discrepancias significativas entre la capacidad cognitiva de un niño y sus competencias lingüísticas.

Trastorno del aprendizaje no verbal, dificultades en tareas que requieren una buena coordinación de la motricidad fina y de la percepción y orientación espacial.

Trastorno por déficit de atención/hiperactividad, es un trastorno que se inicia en la infancia y se caracteriza por dificultades en mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento y impulsividad o dificultades en el control de los impulsos.